Buenos Aires en 100 Palabras
Fruta maldita, diminuta, ¿cuándo retorna al corazón?
El vecino persiste en mantener viva la planta que invade nuestra casa. Cuando fuimos a reclamar, levantó un machete oxidado y nos amenazó. Con la caída de la mala fruta que daba el manzano, aparecieron las hormigas. Estaban en el arroz, las ollas, la ropa. Desesperadas, usamos miles de venenos, ninguno efectivo. Pasado el tiempo aprendimos a vivir con las invasiones. Las hormigas flotaban en el té. Mamá, delgada como un alambre, le agregaba varias cucharadas de azúcar. Yo lo tomaba amargo, masticando entre sorbo y sorbo.
— Gianella Montero, 19 años · Buenos Aires
Buenos Aires en 100 Palabras
Inventario
Mi tía Mandy odiaba salir de Buenos Aires para ir de vacaciones. Decía que la naturaleza la deprimía. Fue ella que, plano en mano, me explicó siendo un chico que en la ciudad cada cuatro cuadras había una avenida. Cuando murió me tocó desarmar su departamento y en el viejo ropero encontré muchas cosas. De todas, solo conservé un cuaderno amarillo. En él estaban anotados más de mil nombres y direcciones de panaderías de los barrios porteños. De cada una había registrado prolijamente una breve descripción y un número que calificaba del uno al diez sus sándwiches de miga.
— Leonardo Echeverz, 57 años · Lomas de Zamora
Budapest en 100 Palabras
Olor a Pest
Hasta hoy día, todos los edificios con corredor de Pest tienen a su señora Nusi o a su señora Pötyi o a su señora Babi. En verano, se ponen sus batas de casa, conseguidas quién sabe cómo, encima del sujetador, y en invierno, encima de unos pantalones de chándal. A primera hora de la mañana barren la nieve, las hojas secas o el polvo. Vuelven a casa cojeando, se entretienen con sus cosas. Pasan las noches sentaditas en sus impecables cocinas, las más aventureras en el corredor, y escuchan al edificio, escuchan a Pest. Y siguen vivas.
— Lola Welbach
Magallanes en 100 Palabras
Los Mauricios
Mi papá, que es mecánico, cuenta que mi abuelo encontró una moto enterrada en el patio de su casa cuando era niño. Y él, a su vez, era nieto de un europeo que llegó a Punta Arenas escondido en la carbonera de un barco. Yo no conocí a ninguno de los dos, pero colecciono cascos y le tengo miedo al agua.
— Macarena Perich Rosas, 34 años · Punta Arenas
Tarapacá en 100 Palabras
Abuelo Chino
Siguiendo el susurro, giré la manilla y me deslicé silenciosamente por la oscura habitación. Me invadió un olor a recuerdos. Acostumbré la vista y lo vi. Estaba sentado en su sillón preferido. Me acerqué y de pronto escuché claramente: Suiyin, Chisan, Moisan, Chiman, Sulan, Suitay, Chion. Luego silencio. Y nuevamente: Suiyin, Chisan, Moisan, Chiman, Sulan, Suitay, Chion. Abuelo Chino, murmuré, ¿por qué repite el nombre de sus hijos? Me miró con sus pequeños ojos y dijo: Estoy viejo y tengo miedo de que se me olviden.
— Patricia Carvajal, 50 años · Iquique
Araucanía en 100 Palabras
El Adiós
El amanecer llegó sin pájaros. No llovía. No corría viento. Aun así, se oyó un crujido seco: el coihue del patio se quebró en dos. La abuela detuvo el hueso en el aire. Se quedó quieta, mirando el monte. El gato no cruzó la puerta. El humo del fogón subió en línea recta, sin danzar. —Alguien se va— dijo ella, apenas susurrando—. Cuando el coihue muere solo, es porque un espíritu ha soltado el cuerpo. Esa tarde, el cielo se volvió de cobre. Una bandada de queltehues gritó hacia el sur. Y nosotros supimos; ya no volvería.
— Catherina Argandoña Cortés, 22 años · Temuco
Santiago en 100 Palabras
Intimidad pasajera
Se llama Juana Catrilqueo Peña. Nació hace 63 años en Mantilhue, una localidad rural ubicada a 70 kms de Osorno. A los 15 se vino a Santiago a trabajar como nana. Tuvo un hijo que murió atropellado en la Alameda el año 86. Desde entonces vive sola en una pieza que arrienda en Quilicura. Es callada, sigilosa y muchas veces pasa desapercibida. Viaja en micro todos los días a la casa de sus patrones y aprovechándose del tumulto y los apretones de una intimidad obligada, acurruca su cabeza en el hombro de otro pasajero sin que nadie se dé cuenta.
— Gonzalo Andrade, 26 años · La Florida
Santiago en 100 Palabras
El Parque
Un día, como a los ocho años, caminaba con mi padre hacia el parque O'Higgins. Me sentía muy alegre, porque él no acostumbraba sacarme a pasear. Cruzando San Ignacio, se detuvo un auto con un señor de bigotes. A su lado, una rubia princesa. Ella me sonrió, después se alejaron. Mi padre me dijo: ¿Qué miras? Olvídalo. No son como nosotros. Y me apuró del brazo. Después se desvió al primer bar que encontramos, pidió una cerveza para él y una Bilz para mí. Luego se tomó otra y otra. Nunca llegamos al parque.
— Alex Peraita, 40 años · San Miguel
Medellín en 100 Palabras
Ilegal
Siempre lo veía a través del celular, pero no podía tocarlo. Me daba regalos, me regañaba cuando lo merecía, cantaba mi cumpleaños, celebraba mis goles y hasta me ayudaba con las tareas, pero todo por WhatsApp. Mi mamá decía que se fue cuando nací para darnos una mejor vida. Ayer, cuando me cargó y me abrazó por primera vez, comprendí que era ilegal haberme privado de sentirlo durante todo este tiempo. Ayer fue el mejor día de mi vida. A mí sí me cae bien Trump.
— Edison Escobar Estrada, 40 años · San Antonio de Prado